La luz de Ibiza

Aquesta terra alçada dins el migdia esvelt,
relleus, llum en la llum, serenament!…

¡Esta tierra alzada dentro del mediodía esbelto,
relieves, luz en la luz, serenamente!…
Marià Villangómez

Con este verso empieza ‘Isla’ uno de los poemas principales de Marià Villangómez, el gran poeta ibicenco y uno de los más reconocidos del panorama de la lengua catalana. Villangómez (1913 – 2002) fue un enamorado de su isla, de Ibiza y en sus poemas la describe con maestría y según la web de la AELC (Associació d’escriptors en llengua catalana): «Su canto poético se impregna del paisaje ibicenco y sus gentes, supera el mimetismo de la tradición y se mueve en unos parámetros mucho más amplios en busca de la poesía pura».

Otro de sus poemas, ‘Lluna d’estiu’ (Luna de estío) empieza así:

Suaves se tornan las aristas de la tierra.
Es de sombra y de luz de luna su transparente forma.


La luz de Ibiza es, como en todas partes, contraste de sombra y luz, pero más particulares son aquí los reflejos en la piedra, en el mar, el agua, en los muros blancos de la arquitectura tradicional, en las joyas de oro de la emprendada, en la montaña de sal de las salinas… Y la de Ibiza es una luz distinta, a todas las demás, igual que lo es la de Formentera o la de Mallorca o Menorca.

Las cualidades de la luz de la isla han atraído, junto con muchos otros factores, a gentes de muchos lugares, de diferentes pelajes y costumbres. Personas que confiesan haber venido a Ibiza para un verano y llevan aquí 40 años reconocen que la luz de la isla es una de las cosas que les cautiva.

No solo los escritores quedan atrapados por la luz, los pinos o el mar de Ibiza. Fotógrafos, cineastas, músicos… todos encuentran en Ibiza cierta inspiración a la hora de realizar su labor, aunque la mayoría encuentra en la isla de Ibiza el sitio ideal para descansar, retirarse del ajetreo de sus lugares de origen y la luz les ayuda a recargar energía.

No en vano, Ibiza es uno de los lugares preferidos por fotógrafos, diseñadores y fabricantes para realizar shootings de moda. Son incontables los catálogos de moda que se han fotografiado aquí y, normalmente en los meses en los que la luz de la isa es más especial. Y cada año vienen multitud de equipos a realizar el trabajo para la siguiente temporada.

También se ha convertido, en los últimos años, en un lugar al que han querido venir a rodar numerosas producciones cinematográficas. Ibiza es un plató y su luz juega un papel importante.

La luz del atardecer, el sol escondiéndose detrás del horizonte en el mar es otro de los atractivos que se han hecho famosos en la isla en los últimos años. Son miles ya, las personas que se reúnen en diferentes puntos de la costa oeste de la isla para observar la caída del sol cada día.

Sin embargo, hay otras luces igualmente bellas por estas latitudes. El amanecer no tiene nada que envidiar a la puesta del sol. La luz filtrada a través de varios metros de mar es otro de los fenómenos destacados. El Mediterráneo es famoso por su luz y en Ibiza, la conjunción de la claridad del Mare Nostrum con la vida marina y, sobre todo, las praderas de posidonia, hacen del buceo un espectáculo muy singular.

Las azuladas y cristalinas aguas de la isla han sido también objeto de deseo de muchas producciones de publicidad. ¿Cuántos spots publicitarios han sido filmados en estas islas simulando estar en el Caribe? Además de la salida y la puesta del sol o de la luz a través del mar, hay que destacar la luz filtrada por las nubes, que puede variar desde un blanco puro hasta un rojizo intenso, en función de la etiología de las mismas.

Sin olvidar la luz que hay antes, durante y, sobre todo, después de la lluvia. Tras una buena tormenta, cuando esta para, se abre el cielo y el sol aparece de nuevo, como si de un segundo amanecer se tratara. Es uno de los momentos en los que la luz es protagonista.

Otro escrito, Santiago Rusiñol, acuñó el famoso apelativo por el que también se conoce a Ibiza, ‘La isla blanca’. Rusiñol, pintor, escritor y dramaturgo catalán, no se vio sorprendido por el paisaje ibicenco. Los pinares, las tierras de cultivo o las paredes de piedra en las lindes de las fincas no fueron algo diferente a lo que él estuviera acostumbrado en su tierra natal. Sin embargo, sí que le sorprendió la arquitectura ibicenca tradicional. Casas payesas, de muros gruesos, escasas ventanas y muy pequeñas formas redondeadas y, especialmente, paredes blancas, gracias al yeso que usaban los ibicencos para recubrirlas.

Esa blancura de las construcciones locales refleja a la perfección el sol, la luz de Ibiza, que en verano puede ser excesiva para la vista, pero que ayuda a mantener el fresco en el interior de la vivienda.